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domingo, 25 de abril de 2010

Los tropiezos de las matemáticas

Por Claudia Rafael

(APe).- Los números suelen dar un cierto escozor cuando se habla de fragilidades. Pareciera que las matemáticas no fueron creadas para pincelar el dolor. Es como que uno, con razones vastas, se resiste a medir con un centímetro, una curva de Gauss o una tabla con porcentajes qué le ocurre a un niño cuando la desnutrición o la lentitud para el aprendizaje lo ponen en la mira. Un gráfico de barras no tiene rostro, ni sonrisa ni un par de ojos que acusen a los responsables de sólo mirar.

Los números que dio el director ejecutivo de la Anses, Diego Bossio, hablan de que un “91 por ciento de los chicos argentinos reciben cobertura del Estado”. Y definió que “hoy en la Argentina existe un piso de seguridad social”.

Pero más allá de ese porcentaje, Bossio dio una serie de precisiones sobre las cifras de esa cobertura social. Dijo que “cinco millones se encuentran cubiertos por padres con empleo formal; otro millón y medio son hijos de padres con seguro de desempleo, jubilados o pensionados, o cubiertos por pensiones no contributivas; y otro millón son hijos de autónomos. A ellos se les suman más de 3,5 millones que cobran la Asignación Universal, lo que demuestra que hoy en la Argentina existe un piso de seguridad social”.

Primera cuestión: la suma total es de once millones. Si los chicos con menos de 18 años en el país son 13 millones y medio, la cobertura social alcanza al 81.48 por ciento.

Sin embargo, esto que el mismo Bossio definió como “la medida más revolucionaria de los últimos 50 años” al cierre del encuentro del Consejo de Niñez pareciera tener algunos lados endebles a la hora de -una vez más- los números que, a pesar de su frialdad, revelan demasiado.

Por fuera de los cinco millones con empleo formal que cobran una asignación por hijo de 180 pesos, hay un millón y medio que perciben seguro de desempleo, jubilación, pensión o pensión no contributiva y que cobran la asignación salarial. Sólo que hay un detalle fundamental: el seguro de desempleo tiene un piso de 200 pesos y un techo de 400. Y se cobra por un período que va desde dos meses a un año como máximo. Después, si no aparece del otro lado del túnel de esa feroz indigencia (¿acaso se puede llamar de otro modo a la situación en que queda una familia que se mantiene con el subsidio por desempleo?) una lucecita de trabajo, irrumpe la nada más absoluta.

También hay quienes -en ese universo- cobran la pensión no contributiva. Las madres con siete o más hijos cobran algo más de 800 pesos. Eso sí, temblando para que el crecimiento de sus cachorros no rompa el equilibrio que la llevó a que fueran siete con menos de 18 años.

Sin contar, a los 3,5 millones que cobran la asignación universal y a quienes con un máximo de cinco hijos les llegan mes a mes la abultadísima cifra de 720 pesos al mes. Más el premio al final del año de 432 pesos más por cada uno siempre y cuando los chicos tengan todas las vacunas y hayan asistido regularmente a clases. A veces esas familias tienen la desgracia de contar con más de un chico que todavía usa pañales. Que si se cambian entre cinco y seis veces al día les rebanan en un solo gesto 400 o 500 pesos y apenas quedan algo más de 200 para la leche, el pan, la harina o el arroz.

El director del Anses, Diego Bossio dijo que la medida más revolucionaria de los últimos 50 años otorga cobertura social al 91 por ciento de los chicos argentinos. A once millones, insistió. “Ni siquiera en Suiza es así”, dijo entre ironías la referente de un hogar convivencial de La Plata.

El gráfico de barras tendrá grandes dificultades para incluir la mesa endeble del mediodía en casa de una de esas tantas madres solas con siete hijos. Para pincelar entre las curvas de un plano los ojos rasgados de una piel morocha que miran con deseo del otro lado de una vidriera con juguetes. Para contener las manos cansadas de un pibe que carga más y más cartones en el carrito de la bicicleta. Las matemáticas suelen tener esos tropiezos. No alcanzan a transparentar con signos y ángulos los dolorosos días de quienes miran la vida desde la ventanita de una casa edificada con cajones de frutas.

A pesar de que se enuncie, junto a los números, que estamos siendo protagonistas de la medida más revolucionaria de los últimos 50 años.

Gentileza de: Agencia Pelota de Trapo
http://www.pelotadetrapo.org.ar/

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